En un frasco de cristal limpio, ponemos los 500 ml de leche entera y añadimos los 250 g de kéfir natural.
Removemos bien con una cuchara limpia hasta integrar completamente ambos ingredientes.
Cubrimos la boca del frasco con un paño de algodón limpio y lo sujetamos para proteger el contenido, permitiendo la ventilación.
Dejamos fermentar a temperatura ambiente, en un lugar limpio y alejado del sol directo, hasta que espese. El tiempo puede variar según la temperatura, pero como orientación serán unas 8-12 horas.
Cuando haya adquirido una textura más espesa, lo tapamos y lo guardamos inmediatamente en el frigorífico.
Lo dejamos enfriar y lo removemos antes de servir si fuera necesario. ¡Ya tenemos nuestro kéfir casero listo!
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Consejos:
Utiliza leche entera para conseguir una textura más cremosa. También puedes probar con leche semidesnatada, aunque el resultado será diferente.
Emplea un recipiente de cristal limpio y utensilios bien lavados para evitar contaminaciones. - La fermentación depende de la temperatura ambiente.
En un lugar cálido puede estar listo antes, mientras que con temperaturas más bajas necesitará más tiempo. - No te guíes únicamente por las horas: comprueba que ha espesado y presenta un olor ácido suave y agradable.
Si aparece moho, manchas de colores u olor desagradable, desecha toda la preparación.
Una vez fermentado, consérvalo siempre refrigerado y consúmelo en pocos días.
Importante: esta receta utiliza kéfir natural comercial como iniciador, no nódulos tradicionales de kéfir. El resultado y la capacidad de volver a utilizarlo como cultivo pueden variar según el producto y sus fermentos.